La humanidad de Cristo
Consideremos la encarnación del Señor. Antes de Su encarnación, Él era Hijo de Dios, y no poseía la naturaleza humana. Él era única y exclusivamente el Hijo eterno de Dios, y sólo contaba con divinidad. Él no tenía carne ni sangre. Pero mediante Su encarnación, Él experimentó un cambio radical. En este cambio, Él no se despojó de Su divinidad, sino que, aún conservando Su divinidad, Él se vistió de humanidad. Por lo tanto, en Su encarnación, Él vino a ser una persona divina y humana. Él se encarnó con el propósito de introducir la divinidad en la humanidad, y unir la humanidad con la divinidad. Antes de la encarnación, la divinidad nunca se había unido a la humanidad, pero desde el día en que se encarnó, comenzó a existir en el universo una Persona maravillosa que tenía tanto humanidad como divinidad. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se de...