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Estar en Cristo

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Los hombres heredamos la naturaleza de nuestros antepasados. Si trazamos un árbol  todos nosotros procedemos de Adán y heredamos su naturaleza. Ya sabemos que la naturaleza del hombre se degrado y contaminó al entrar el pecado y la muerte. La experiencia de Adán llego a ser la experiencia nuestra. Es debido a la caída del hombre que Dios introdujo al Hijo en el mundo sin la naturaleza caída y la herencia de Adán, aunque con la misma semejanza humana, llegando a ser el prototipo del Dios-hombre que Dios deseaba obtener. Para Dios solo existen dos hombres corporativos y universales: Cristo y Adán. El Hombre delante de Dios, o está en Adán, como el viejo Hombre o está en Cristo, como el nuevo Hombre. En el momento que creemos en Cristo, Dios nos traslada de Adán y nos introduce en Cristo, haciéndonos partícipe de lo que Cristo es y realizó para Dios y el hombre. Esto quiere decir que cuando estamos en Cristo, la experiencia de Cristo se convierte en nuestra propia experiencia. Cua...

El Espíritu es la Bendición

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La promesa de la Bendición Antes de promulgar la ley, Dios prometió una bendición a Abraham: Y era que de él vendría la descendencia que sería una bendición no solamente para su propia casa, su linaje, sino también para todas las naciones, todos los gentiles. Con Adán tenemos el pecado y la maldición, pero con Abraham tenemos la promesa de Dios. El trasfondo de esta promesa era la maldición que pesaba sobre la humanidad. Debido a que la humanidad estaba bajo maldición, la dirección que seguía el hombre era hacia abajo. Pero Dios intervino, llamó a Abraham y prometió que en su descendencia todas las naciones —la humanidad bajo maldición— serían bendecidas.  El propósito de la ley Él tenía la intención de que el hombre disfrutase a Dios como su bendición. Pero mediante la caída de Adán, el hombre perdió a Dios mismo como su bendición y disfrute. No solamente eso, sino que puesto que el hombre no era totalmente consciente de que era un ser totalmente caído, incurable y sin esper...

Los hechos, la fe y la experiencia

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En la era presente de la gracia, todo se efectúa “por gracia” (Ef. 2:8). Que todo sea efectuado por gracia significa que todo ha sido realizado por Dios. El hombre no necesita hacer nada para ser salvo, puesto que, “al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda” (Ro. 4:4). Debido a que Dios se relaciona con el hombre conforme a la gracia, Hay tres aspectos que debemos de considerar: Los hechos, la fe y la experiencia. Los hechos Dios ya lo hizo todo a favor del hombre. Debido a que todo ya ha sido realizado, existen ciertos “hechos”, ciertos logros divinos que el hombre necesita recibir y aplicar de Dios como su herencia para nosotros: La redención, la regeneración, la vida divina, el vivir de Cristo en nosotros , y muchos más.. . Y ya que existen tales hechos o realidades vigentes, no es necesario que el hombre haga nada, pues la obra realizada por Dios es completa. Sin embargo, la gracia de Dios es justa. Por ello, juntamente con los “hechos”, existe...

La fe genuina y real

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La fe no proviene de nosotros sino de Dios En nosotros mismos no tenemos la fe real, la recibimos cuando nos abrimos a la palabra de Dios. La fe es una gran bendición que recibimos de parte de Dios, la cual está constituida de Dios mismo e incluso viene a nosotros con Dios. Cuando esta fe entra en nosotros, trae consigo a Dios: todo lo que Él es, todo lo que logró y realizó en Cristo: la redención, la regeneración y la vida divina la recibimos por medio del Espíritu. " Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios"(Ro 10:17) La fe vino con Cristo Cuando la gracia vino, también vino la fe. Tanto la fe como la gracia vinieron cuando Jesucristo vino. La gracia es por el lado de Dios, pero la fe es por nuestro lado. Cuando en la predicación del evangelio la gente oye hablar de la gracia de Dios, algo dentro de ellos se levanta para apreciar lo que han oído. La gracia que les ha sido presentada viene a ser en ellos la fe por medio de la cual creen. Espontáneamen...

La nueva creación según Dios

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Dios creó al hombre y lo formó de la tierra. Adán tuvo un cuerpo con un alma. Fue un ser viviente (Gn.2:7) Adán es terrenal, es el primer hombre de la vieja creación, nosotros sus descendientes, igualmente terrenales. Adán, como todos nosotros, fue creado para contener la vida Divina y expresar a Dios, pero por causa del pecado no se le permitió comer del árbol  de la vida que tipificaba la vida de Dios, de esta manera Adán fracasó, y trajo la muerte, el dolor y el pecado a su descendencia. El pecado de Adán fue trasladado a toda su descendencia, todos los hombres se hicieron pecadores, todos envejecen y mueren, todos estamos en Adán desde el principio y en su conjunto somos el viejo hombre o la vieja creación (Ef. 4:24). Dios es Espíritu no envejece jamás, es eterno, su naturaleza es siempre nueva y no contiene el elemento de la vejez y la muerte. El cuerpo del hombre envejece, por lo tanto es terrenal y mortal. Nuestro ser humano natural por nacimiento no posee la vida de D...

El valor de la sangre de Cristo

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Antes de todo quiero aclarar un punto importante: Muchos predicadores hablan sobre la sangre de Cristo y se escriben frases en las redes sociales tales como la sangre de Cristo tiene poder, nos cubre, nos libra de todo mal, nos bendice. Etc. Hay muchos cristianos que piensan en la cruz y en la sangre de Cristo de manera supersticiosa como si fueran amuletos de protección, o un manto de protección mística contra el mal. ¿Son correctas estas enseñanzas? ¿Tienen fundamento bíblico? Mucha gente está llena de supersticiones, y cuando se convierten, no se desprenden de ellas, sino que las traen a su nueva fe, generando nuevas doctrinas que no están en la Biblia. Cuando un cristiano afirma que la cruz o la sangre de Cristo le protege de todo mal, está afirmando algo que no tiene fundamento en la Biblia, sino en las supersticiones humanas. Está dando un poder a la sangre, o una cruz física o a cualquier cosa relacionada con Dios que no lo tienen en sí mismo. A la luz de las escrituras...

El Espíritu y la Palabra

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Todos los cristianos reconocen que nadie puede realmente conocer al Señor sin conocer la Biblia. Los seres humanos aunque tenemos un espíritu no somos meramente un espíritu. Sí sólo fuésemos un espíritu entonces Dios tendría que darnos únicamente Su Espíritu y no la Biblia; sin embargo puesto que no somos un espíritu solamente, sino que tenemos una mente El también debe darnos la Biblia. Dentro de nosotros hemos recibido al Espíritu de Dios y fuera de nosotros tenemos la Biblia. Los cristianos a lo largo de los siglos pueden testificar por experiencia que un cristiano apropiado debe ser plenamente equilibrado en ambos aspectos: La Biblia por fuera y el Espíritu por dentro. Si únicamente existiera el Espíritu dentro de nosotros y no la Biblia fuera de nosotros el hombre fácilmente cometería errores. Por otra parte si únicamente existiera la Biblia fuera de nosotros y no tuviéramos el Espíritu dentro de nosotros el hombre llegaría a estar extremadamente muerto y sin ninguna expe...

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