La filiación divina
Todos los seres humanos al nacer somos criaturas, pero para ser hijos de Dios necesitamos recibir la vida divina. Sólo Su vida en nosotros nos hace Sus muchos hijos, nos capacita para crecer en El y expresarlo (Jn. 1:12). El propósito de Dios no es tan solo salvar a muchas personas de la perdición eterna sino la de introducir a muchos hijos, los cuales tengan su vida y naturaleza en Su gloria. Después de la caída del hombre, todos llegamos a ser pecadores e hijos del diablo (Jn. 8:44); pero a pesar de este hecho, Dios nos escogió por medio de la obra redentora de Cristo para que llegásemos a ser Sus hijos. Al recibir la vida y la naturaleza de Dios, nacimos de Él y llegamos a ser hijos Suyos. Ahora no somos simplemente hijos de un ser humano, sino también hijos de Dios. Aun más, no somos hijos solo adoptivos de Dios, sino hijos Suyos engendrados en la vida divina. La meta y deseo de Dios es producir muchos hijos para Su expresión corporativa. Él no desea simplemente obtener una expresi...