La impartición divina
Dios creó el universo. Ni una sola parte de éste era santo. Luego Dios creó al hombre. Aun antes de caer, éste no era santo. En todo el universo sólo hay una Persona santa, a saber, Dios mismo. Sin importar lo perfecto y bueno que alguien pueda ser, ello no lo hace santo. Si usted es santo, debe tener la esencia santa, y la única esencia santa en todo el universo es Dios mismo. La santificación y la impartición divina Dios nos hace santos impartiéndose a Sí mismo, el Santo, en nuestro ser, a fin de que todo nuestro ser sea impregnado y saturado de Su naturaleza santa. Para que nosotros, los escogidos de Dios, seamos hechos santos en nuestro vivir tenemos que ser partícipes de la naturaleza divina de Dios (2 P. 1:4) y permitir que todo nuestro ser sea empapado de Dios mismo. Esto es diferente de solamente la perfección sin pecado o de la pureza inmaculada. Esto hace que nuestro ser sea santo en la naturaleza y el carácter de Dios, tal como lo es Dios mismo. (Ef. 1:4, nota 3) ...